ERAN TRES EN AMOR

CAMINABAN JUNTOS

TREMENDA NOCHE DE LLUVIA


Los unían sus almas, lazos inquebrantables. El sentimiento era puro, el amor verdadero, pues eran tres en amor.  Esas uniones que se paladean como una bendición total y el corazón se alegra por la magia. No era necesaria una sola palabra, estaban unidos y eso, lo era todo.


Cuando tuvieron qué salir sin presagiar esa tormenta y aún cuando caía tanta tanta agua, truenos, relámpagos, tampoco se acongojaron. Fue una aventura. Permanecieron juntos, escapando de los charcos o bien entrando de lleno en ellos. El agua calaba sus cuerpos, el panorama era obscuro. Tenían qué adivinar el paso que seguía. No sabían lo que iba a suceder, pero estaban seguros porque la fuerza de sus brazos entrelazados era suficiente para saber que todo estaría bien.


Así  transcurrieron las horas, el camino era largo. La chica mayor, que vivía de por sí en un castillo de sueños y esperanza, se emocionaba ante un paisaje tan mágico, juraba que Juan Rulfo podría escribir sobre aquella noche, sobre aquel misterio. Gozaba de la emoción de su hermanito. Se amaban tanto! Él sabía que junto a ella estaba seguro, ella se sentía complacida de que un lazo así pudiera existir. Él le preguntaba... "Me quieres?" "Claro que sí, hermano".


La zozobra, el sinsabor...



Y pasaban las horas, y la lluvia no cesaba. Un fuerte viento separó esos abrazos y comenzaron a caminar en el vacío. Él se había perdido. Miedo, muchísimo miedo. Cómo pudo suceder? Dónde estás! Vuelve, no puedes irte, no puedes perderte así no no noooooo! 





El tiempo cruel mantenía silencio ante ese llamado mientras la lluvia comenzaba a amainar. Así como amaina todo en la vida y después vuelve a arreciar. Así como la claridad y la obscuridad se turnan para cada una ejercer su papel.



Al paso de los años se supo que él vivía. Vivía una vida de retraimiento y se hundió en su propio silencio. Qué vería al mirar para adentro? Qué podría ser? Sólo Dios lo sabe. La noche que se perdió, nunca regresó. Su sonrisa era como un telón con el que quería ocultar su verdad. Sí, porque sonreía, pero una mueca extraña desdibujaba el encanto en ese rostro lleno de enigmas, enigmas que una vida entera no fue suficiente para descifrar. Ella lloró tanto tanto así como  esa tormenta agua vertió.



Sin embargo, y como todo lo que en la vida que no tiene remedio o no depende de nosotros reparar, hay qué seguir y devolver a la vida una sonrisa. Porque no todo son finales felíces, porque aún así, nos rige el amor...





La mamá

Ella

Nunca 


                 Habló. 















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