LOS CASTILLOS DE CELIA


 

Siempre hay un refugio, y el de Celia eran sus castillos. Maravillosas invenciones de su espíritu indomable, de ese sitio donde nadie podía entrometerse: ella misma. 

De pequeña, sufrió maltrato. Un día, no sabe ni cuándo, pero que comenzó a tener uso de razón o lo más parecido a esto, cuando pudo darse cuenta de que estaba en un mundo, de que tenía una carne, unas manos, piernas, que ella toda era un SER sin más, simplemente un SER VIVO, no entendía. Y es terrible no entender. Sobre todo, no poderse defender. No entendía cómo es que sólo por abrir los ojos a la vida y existir, tuviera qué pagar un tan alto precio. Pagar? Por qué? Quién dijo? Por qué fue así, simplemente así? Por qué llorar, por qué el dolor, por qué el temor, y el peor de todos: el miedo al miedo. Por qué, por qué!!! Pero no, no estaba enojada. Estaba desolada. No reclamaba, simplemente no entendía. Ni sabía  qué pensar! Sólo no entendía, y esto también era terrible.

No entender algo pudiera no ser tan terrible. Pero estar abriendo apenas los ojos a la vida, estar allí, AQUÍ; y sólo por eso? Sólo por ESTAR, estar secuestrada por el dolor y sentirse perdida y sin una puerta de salida, sin un escape?

Pasaban los días, las semanas... Pasaba la vida y ella, la chiquita Celia, de ojos pequeñitos, brazos delgaditos, corazón tierno y gran inocencia, tenía más conciencia. Y con más conciencia, el dolor era mayor. Sin anestesia.

Y así transcurrió su vida. Pero un día descubrió una maravilla, un tesoro: se tenía a ella misma. Ella, que sintió tanto y tanto que nada valía, era todo lo que tenía: ella misma. Y se daba cuenta de que podía sonreír al mirar el cielo, podía enternecerse hasta el límite al ver a un animalito o a un niño llorando porque se le había caído una paleta. Cuando se subía a un columpio y daba rienda suelta a aspirar ese viento con sabor a yerba que bañaba su cara cuando le daba más y más fuerte mientras ella más se impulsaba, mirando el cielo, mirando alto, soñando alto. Qué azul era ese cielo! Qué formas tan bonitas tenían esas nubes! ERA LIBRE, ERA LIBREEEEE!.Y AHÍ, JUSTO ALLÍ EN ESA QUE FUE LA MAYOR Y MÁS BELLA DE SUS SENSACIONES DE FELICIDAD, CONSTRUYÓ SU PRIMER CASTILLO.

Cuánta luz, cuánta paz
            Cuánta luz, cuánta paz!


Aún había tristeza, pero ahí estaban sus castillos. Entraban sus amiguitos, que casi siempre eran tiernos animalitos. También muchos, muchísimos sueños de todos los colores, los más lindos. No podía (nunca pudo) olvidar la sensación de ese viento encima de sus mejillas haciéndolas bailar, siempre siempre con olor y sabor a yerba y a libertad. 

Al pasar del tiempo su vida fue así; un mundo mágico. SU MUNDO! 





Y la vida, siempre la vida pasando, o Celia pasando por su vida. Su Mundo Mágico indestructible. Y a veces la llamaban loca! Porque prefería divagar en ese mundo maravilloso a otras cosas. Pero también se dio cuenta de que la cordura, es una enfermedad. 


GRACIAS A LA VIDA! GRACIAS, GRACIAS... Siempre decía, y siempre lo dice.












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