TRES HERMANAS... Y Berenice

"¿Quién le dijo a usted que la vida fuera justa?"



Una vez, cuando alguien me dijo esto, cerré la boca.. No había nada más qué decir. Nada qué alegar. Nada de nada. Fue una nueva enseñanza: comprender esto.  Y tiene mucho qué ver con esta historia de la vida.  Por supuesto, omitiré los nombres reales. 






Como el título de la novela de Chéjov, pero muy diferente. Es que son, eran, fueron, tres hermanas. Bueno, al menos eso creyeron. Sin embargo, años después se llevaron u a sorpresa que causó efectos en sus vidas.  


Bajo el seno de una amorosa familia y con el amor de unos padres extraordinarios nacieron con dos años de diferencia cada una Anastasia, María y Claudia. Bella y dulce infancia tuvieron en una ciudad de provincia. Eso sí: prejuicios, muchos prejuicios. Sin embargo, eran casi totalmente felíces con unos padres que las amaban infinitamente, con una vida tranquila en un tiempo que no conocía de la delincuencia actual. Las jovencitas solían pensar en casarse y formar una familia.


Estas tres hermanitas se llevaban bien, excepto algunas travesuras muy normales que se hacían entre ellas. 

Las más afines en cuanto a modo de ser y modo de ver la vida, eran Anastasia y María. Claudia era diferente. Con ella, no iba tanto todo ese desastre que implicaba vivir en una sociedad maniatada en aras de chismes, juicios de valor, el "qué dirán". No le gustaba, le estorbaba para la vida. No, no le gustaba para nada. 

Anastasia y María se dejaban llevar, no se cuestionaban cómos y por qués. Eran buenas chicas que no se complicaban la existencia. Reían, jugaban y eso sí: en el juego del cariño, sí entraban. Eran amorosas y muy necesitadas de afecto. 


Al pasar de los años comenzaron a hacer sus vidas por separado, Anastasia y Claudia se casaron y tuvieron hijos. Para ese tiempo, ya vivían en la ciudad capital debido a ciertos cambios en la economía familiar que les hizo buscar nuevos derroteros. 



                   
             LAS TRES HERMANAS




Cinco hijos tuvo Claudia, tres Anastasia. Y así, transcurrían sus vidas con toda normalidad, los pequeños se desarrollaban entre juegos y risas, las caricaturas favoritas y las risas inocentes de una temprana edad que no sabe más que vivir el momento. 



Parecía que el mundo no tuviese más que los colores que ellos percibían. Era como si no no hubiesen más realidades que las suyas, como si ese "su mundo" fuese el único posible. Sin embargo, un secreto muy bien guardado por los padres de las hermanas, hacía la enorme diferencia. ¿Cuánto tiempo puede guardarse un secreto de gran valor, cuánto tiempo se puede mantener escondido algo en realidad muy serio? 





BERENICE



Entre todo esto sucedía, Berenice hacía su vida. Siempre con una sonrisa, siempre servicial y atenta. Dulce, tierna. Ella siguió en la provincia, allí transcurrió toda su vida. Labores sencillas, del hogar. Esas que tanto cansan y tan poco se reconocen. Cocinaba delicioso y era una gran anfitriona, sirviendo siempre un platillo con gran cariño a cualquier persona que visitara esa casa, donde vivía casi por caridad. Donde la tenían porque "en su situación, qué más podría pedir".  Como si ella fuera... culpable? No hay culpas! Responsable? No tenía nada qué ver con su circunstancia!


Berenice fue un alma a la que tocó vivir en un mundo intrincado y doloroso. Y nunca se quejó, simplemente lo asumió. Nació en una cuna muy humilde. Las otras tres hermanas, SUS HERMANAS! nacieron en cunas de bordados y encajes finos y exclusivos. A qué hora fue que se enteraron de su parentesco? No sé sabe con exactitud.


Juan, hijo de Claudia y Martina, hija de Anastasia, no se quisieron quedar de brazos cruzados. Martina visitó a su tía para darle en nombre de Juan y de ella misma ese abrazo que la vida le negó en otro tiempo, llamándola "tía" y dándole un beso. 


Juzgar? Sería un error. No, a nadie y por nada. Simplemente empatizar de todo a todo con la gente. Con esta, con cualquier otra. Cada quién tiene una circunstancia que no lo define, aunque determine su vida.


Amar sin mirar a quién es la consigna, sólo el amor nos salva de esto y de todas las cosas de la vida difíciles de asumir y comprender.





Nuevamente agradezco de verdad tu presencia aquí. Y ahora, muy especialmente 

A TI. SÍ, A TI QUE AHORA SÉ QUE ME LEES HACIÉNDOME SABER QUE VALIÓ LA PENA. 




SUSY, CON AMOR PARA TI, HERMANITA DE MI ALMA, QUE YA NO ALCANZASTE A LEERLO.  NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR. TODO MI AMOR DE HERMANA PARA TI DANDO GRACIAS A DIOS DE QUE ALGO TAN GRANDE NOS UNIERA. 



TE AMO, HERMANITA








          

Comentarios

  1. La historia engancha... Gracias Maty por compartir., 💋

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  2. Cuantas historias a lo largo de la vida, cuantos descubrimientos. Como es la vida ¿verdad?, lo bueno es que la mayoría de las veces nos hace ser grandes. Siempre es un placer leer tu historia, siempre engancha tanto sentimiento. Besos.

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  3. Me encantó leerte. Una deliciosa crónica de época. Los sucesos que le ocurren a las hermanas, tan propios de este juego llamado vida. Abrazo y saludos amiga.

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