MIGRANTES. HISTORIA DE JOEL

Sueños hechos polvo. Polvo para "moldear", no hay más. Cuando no tienes nada más a mano fraguas tu propia suerte en base a lo que se pueda. Polvo, pues. Migrando para intentar no morir en la miseria sin saber que esta lo va a seguir persiguiendo, desgraciadamente para quien deja su vida en pos de una mejor esto es una verdad que casi nunca falla. 



Joel
                           


Joel, una esposa, Mireya y cuatro hijos pequeñitos. En la ciudad no había oportunidades. Él los veía tan chiquititos, tan tiernos y con tantas necesidades. Mireya y ellos, ellos y Mireya eran el motivo de su vida. Su gran motivo, su motor. La cara de Joel expresaba tremendo dolor cuando veía las carencias en ese techo prestado cuando una porción de pan había qué dividirla entre sus pequeñitos.  Es lo más triste no tener qué dar de comer a los hijos, ver que la esposa también sufre carencias y él no puede hacer nada por satisfacer las necesidades elementales de todos ellos.





Un tiempo atrás conoció a un coyote, alguien que sabía que él se encontraba desesperado. Sin aliciente, decaído, se sentía derrotado. Esos tipos a los que no les importa nada la otra persona y sí solamente su propio beneficio. Se acordó de las cosas que él le ofrecía para cruzar la frontera y Joel decidió buscarlo, al no encontrar salida. Era una cantidad muy fuerte la que le cobraba por hacerlo llegar al "país de los sueños", el lugar donde se podía conseguir una vida diferente y pues a contraer una nueva deuda porque por más que estudió el panorama, es la única salida que se le ocurrió.


Allá donde vivían, en esa casita débil, contrastaba el azul del cielo tan amplio y las nubes con una realidad tan nefasta. Salió un momento para despejar su mente, los pequeños jugaban con piedras que hacían pasar por juguetes y Mireya lloraba por la jugada que hacen las hormonas cada ciclo en el cuerpo de una mujer, haciéndolo ver y sentir todo más caótico aún.  Apenas un té que intentaba  calmar los fuertes cólicos.  Esa tarde el calor era muy fuerte, Joel planeaba en su mente con ansiedad, temor y al mismo tiempo esperanza, la aventura que ideaba.


Uno nace y de pronto, comienza a tener uso de razón. Y ve a su alrededor y no comprende nada de lo que sucede, simplemente "es así", y ya. Por qué el dolor que causa el hambre, por qué! Por qué caminar dentro del lodo en días lluviosos, por qué llega la noche y todo sigue igual, por qué ese golpe, solamente por haber nacido? Alguien mayor lo golpeaba, con qué derecho? Por qué esas ganas de llorar esa realidad que simplemente "era así, y ya"...? Qué o quién determinaba todo aquello? 


Todas esas cosas de la infancia de Joel pasaban por su cabeza en esa tarde. No quería lo mismo para sus hijos, no! Él jamás les levantaría una mano. Cuando Mireya y Joel se enamoraron eran pobres, pero sus ilusiones y su amor  del bueno llenaban todos sus momentos, cubrían sus cuatro paredes y los momentos duros eran suplidos por ternura. Tenían un mundo por delante, lo demás, qué importaba! Habría arreglo! Sus sentimientos los hacían fuertes. 

Los planes se llevaron a cabo. Fue terrible. Todo lo que le costó ese traslado supuestamente "cuidado" por gente con contactos no le garantizó seguridad. Primero estuvo a punto de asfixiarse en aquel tren repleto de gente como él, incluso familias enteras. Fue descubierto, y el intento de nuevo. Al fin, lo logró: estaba allí.


Lo que sucedió a Joel supera cualquier drama televisivo, o argumento de película. 

Trabajó incansablemente, logró colocarse en diferentes lugares, en casi todos ellos de cargador. Al fin estaba ganando dinero, podía mandar a su ciudad, Mireya y sus hijos al fin tenían qué comer. Trabajó horas extras para enviar más dinero para la construcción de su soñada casita, aquel que sería su hogar. Cuánto trabajó! Cuántas horas de soledad en un país extraño, inhóspito. Cuánto lloró por extrañarlos, los hombres SÍ lloran. A Mireya, a sus pequeños. Pero el sueño de regresar a vivir en familia lo mantenía vivo, le daba la fuerza que a veces se acababa, lo consolaba por tener qué trabajar ayudado por el efecto de los analgésicos,  porque de tanto peso sobre los hombros lastimó su columna vertebral. Y mientras él dormía en un cuarto compartido, la casa se construía. Ladrillo por ladrillo.


Varios años 


                        Miles de sueños


      Horas infinitas


                      Amor lo sostenía!


Al fin llega el momento de regresar, pero era un secreto. Soñaba con ver las caras de sus seres amados. Pero les daría la sorpresa.  Era ya hora de arrancar juntos, ya tenían un hogar!


         Joel llega al hogar que construyó


                  Y


Era otro hombre el que ocupaba su cama, su lugar y  se adueñó de esa mujer que amaba. 






Jamás imaginas lo sórdida que puede ser tu vida, cuando la realidad supera todo aquello que pudiste haber pensado. 


Si te sientes miserable, mira a tu alrededor y te darás cuenta que tienes más de lo que crees. 





Viviendo...











Comentarios

  1. Terrible historia, tienes razón que supera la ficción. Nadie tendría que pasar por esas necesidades, que mal repartido está el mundo. Siempre es un placer leerte Maty.

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