QUERIDO DOLOR


Dolor, duerme un rato...




 A ti, 


DOLOR

a ti dedico hoy mi sentir

y mi vivir.

Llegaste, me atrapaste y me abrigas tal cual si me amases y yo te recibo porque también eres parte de mi vida, porque eres parte de la vida de todo ser humano. Rechazarte y repudiarte sería ir en contra de lo natural. Y eres parte de todo esto que es es el vivir. Sin ti, no podríamos distinguir la diferencia entre tú, tu presencia inevitable, y las alegrías y las risas, la PAZ y el auténtico sentido de la existencia.  Nadie dijo que en esta vida todo fuese regocijo y jolgorio. Y llegas, siempre llegas. Me recuerdas que he vivido cosas muy lindas, tan hermosas! que tenerte ahora de huésped de mis entrañas es la consecuencia, y claro que hay qué agradecer tanto amor, tanto de lo bueno, tanto belleza, generosidad y paz del alma. Porque sabes bien, querido dolor, que me has visitado a lo largo de la vida desde muy pronto, cuando aún no comprendía ni tus razones ni tu lógica ni tus "por qués". Sólo me hacías derramar lágrimas que no me dejaban tranquilidad. Llegaste así, nomás, sin carta de presentación. Sólo apareciste. Era muy chiquita y muy frágil, no te entendía, no te comprendía en lo absoluto. Era muy chiquita. Era muy chiquita. Mucho.



Lágrimas que sanan



Pasados los años aprendí a sonreír, a pesar de tus apariciones. ¡No podías fallar a la feria de la vida! Pero un día comencé a comprender que tenías qué estar en todo esto para cumplir tu papel, tu papel de enseñanza y crecimiento. Sí, una manera muy "extraña" de crecer, muy dura. Al cabo, era tu papel. 


¿Qué ganaba con repudiarte? Te confieso que a veces intenté huir de ti, de rechazarte. ¡Pero eres más terco! Y si yo intentaba que te fueras, te enraizabas aún más.  Y así llega otra de tus enseñanzas: lo que rechazas, se convierte en tu enemigo. Y no! Querido dolor no! De enemigo no te quería ni antes ni te quiero ahora. Y resistirse, es peor. No hay más que aceptarte. 


Con el tiempo, que es un gran maestro, he podido comprender que te tengo qué aceptar cuando apareces. Llorar si es necesario. Eso ayuda a que te vayas ablandando y no quieras, no pretendas siquiera quedarte por una temporada más larga. Y mucho menos "para siempre", ¡no! 


Porque, ¿sabes? Una cosa es que acepte tu inevitable presencia en mi vida, y otra muy diferente que "te ame". ¡Claro que no te amo! No pienses que voy a encariñarme contigo, ni a extrañarte cuando debas irte. Te acepto porque debo vivirte como algo inevitable y como un ingrediente que eres de esto que llamamos VIDA. 


VIDA:


Sí! Eres un ingrediente de mi vida como de la vida de todos. Y aprendo de ti, sí. Aprendo a valorar al ser humano y su vida, ya que cada una tiene su propio misterio. Aprendo a valorar más y más la risa, la paz, a mis amores, mi tranquilidad, mi entorno, la belleza de la naturaleza, el gorrión y su canto que no falta cada mañanita, contigo o sin ti. Valoro cada latido y cada respiración, el poder estar entera paladeando el aroma que se cruce por mi camino en cualquier momento, aprendo a valorar un reencuentro, doy gracias porque si hay muerte, es porque hubo vida! Si hay reencuentro, es porque hubo algo maravilloso, aunque haya sido tan triste su ausencia. Porque la vida es tan corta! 


Sabes? Te temo, sí. Un poquito. A veces mucho. ¿A quién podría engañar diciendo lo contrario? A mí misma, nada más. 


Querido dolor,

Aunque ahora te acepte, me cuestas. Deseo que cumplas tu misión, la que siempre te toca, para que puedas partir. Porque no eres malo, sólo que toca el papel más duro: el de hacer sangrar y llorar. ¡Porque Dios me está cuidando de ti! Y acaricia mi cabello y mis mejillas, y sabe que te irás cuando tu plazo se cumpla. Y lo digo desde la entraña mía,  desde la que te hablo ahora, lo digo desde ti. Sí, de ti, para ti. Sabes que no me haces bien. No quieres dañarme a propósito. Dios también lo sabe y te reconoce como lo que eres. Él también sabe de ti! Y mira, mira cómo lo pudo hacer. 


Esta vez quisiera rogarte, quisiera suplicarte que me des un respiro un poco más prolongado. ¡Sí! Mira, es un buen trato: si te tardas más en regresar, tendré más fuerza. Creceré más en vez de dejarme vencer, te encararé con más serenidad y podré, podré! 



¿Aceptas mi trato, querido dolor?  



Volver a florecer






Con todo mi amor y empatía para todo aquel que sufre, para todo aquel que llora. Para que esto también tenga "sentido" , a pesar de lo difícil. Abrazo con mi alma completita a quien necesite un poquito de ternura. Dios siempre está contigo, aunque ahora no lo sientas. 







Comentarios

  1. Así es el dolor Maty, llega cuando menos lo esperas, cuando no lo deseas, cuando no estás preparada, sin embargo, así es la vida, con buenos y malos momentos, estoy de acuerdo que hay que aprender a vivir a con él, poco a poco y día a día será mas soportable. Te abrazo desde la distancia.

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