MEMORIA Y OLVIDO

¿Qué sería de la memoria, sin el olvido?

¿Qué es la memoria?

¿Qué es el olvido?






Y recuerdo con estas palabras a alguien a quien admiro tremendamente. Sí, en tiempo presente porque aunque ya no esté en este plano, para mí nunca se irá. Y está, está conmigo porque me marcó y es para siempre: JUAN JOSÉ ARREOLA.  Decían de él que era un "orfebre" de las palabras. Y sin duda que sí, cada palabra la teje y enlaza de una manera tan extraordinaria, tan meticulosa y tan suya, tan elegante y tan única, que su labor pareciera artesanal. Sí, como si quisiera que cada letra fuese una auténtica obra de arte.
Y lo mismo con su plática: era (es) un conversador extraordinario. Escucharlo era un total deleite. Parecía que en cada ponencia le iba la vida. Y aún en la plática más sencilla, en alguna entrevista por ejemplo, cuidaba el detalle de lo que salía de su boca. 
Bueno, sobre Juan José Arreola se hizo una obra llamada "De Memoria y Olvido", más de cien horas de entrevistas con Fernando del Paso. Su parecer acerca del tema:  que sin el olvido, simplemente la sobrevivencia en este mundo nos sería imposible. Y claro, si nos ponemos a pensar, ¿qué haríamos cargando con el dolor que provoca cualquier suceso de esos especiales que siempre habrá durante nuestro tránsito en esta tierra? No, sería imposible.

Juan José Arreola. Fotografía publicada por Diario de Querétaro, editada por Maty Marín


Nuestra mente actúa a la defensiva. Archiva en algún lugar recuerdos con los cuales no podríamos seguir, no podríamos cargar o nos volveríamos locos. Nuestra mente nos protege de nosotros mismos.

Todo esto vino a mí porque leí por allí algo así como esto: 

"Qué preferirías: perderlo todo y quedarte con la memoria, o perder la memoria y conservar todo?"

No dudé ni un solo segundo. Prefiero mi memoria por encima de cualquier cosa material.

Y es que hay quien piensa que "perder la memoria" equivale a olvidarlo todo, pero todo. Uy, qué benéfico pero qué maléfico a la vez. ¿No saber ni quien soy puede darme felicidad alguna? Pero por otro lado, no existe el olvido de manera total.

Hace aproximadamente año y medio en un hospital, cuando comenté que mi madre tenía "demencia senil" y/o muy probablemente Alzheimer, una enfermera me dijo "ay, qué rico, olvidarse de todo". Le dije  "¡Nooooo, no sabe lo que dice!"

Traté de explicarle, aún sintiendo que no me estaba escuchando, el sufrimiento que vivía mi pobre mamá. ¡Qué fácil sería olvidar y ya! "No me acuerdo", y a bailar y cantar. ¡No! El ir perdiendo la memoria de esta forma conlleva un sufrimiento con evolución constante. 

Quien padece de sus facultades mentales, quien va perdiendo la memoria por alguna razón patológica (no el "mecanismo de defensa" que mencionaba Juan José Arreola), o el "archivar" en alguna parte del cerebro acontecimientos o épocas difíciles, sufre lo inimaginable. Porque se da cuenta de lo que le está pasando, se da cuenta de que olvida, de que ya no recuerda, se siente confundido, perdido, y todo esto le provoca una angustia terrible. 

Un ejemplo: volver a sufrir el dolor de la muerte de los seres queridos. Mamá preguntaba por mi abuela, se trasladaba en el tiempo a alguna época anterior, ¡a saber cuál!. Y decirle "mamá, mi abuelita murió" jamás pensé (la primera vez que sucedió) que desencadenaría en ella una crisis de llanto, de gritos. "¡Cómo que mi mamá murió, cuándo fue!". Y así esto como muchas otras cosas, las vivió una y otra vez. Y todas, todas eran diferentes porque se situaba en sabrá Dios qué época de su vida y cómo la concebía en su imaginación en ese momento: de qué edad, etc. etc. 

Sería prolijo enumerar la cantidad de experiencias semejantes pero todas tan diferentes, cada una más dolorosa que la otra. 


No no, no podemos confundir el olvido patológico con el olvido tan necesario para la vida. O el "archivo" de una memoria que se divide en hechos o acontecimientos duros, difíciles. Las "trampas" de la mente no tienen nada qué ver con esa otra situación.

Y cuando va pasando el tiempo, cuando la vida va avanzando, ese "archivo" a veces pierde sus códigos y algo "sale" a dar una vuelta y sacarnos alguna lágrima, o muchas. 

Estas son sencillamente maneras de sobrevivir. De llevar nuestro estadío en este lugar llamado "VIDA" de la mejor manera posible. Aún cuando esas "trampitas" las maquinamos a veces muy a propósito por no correr el riesgo de no poder continuar.

Mejor quedarnos con la buena memoria que no sólo no ha querido esconder nada en ningún lugar, sino que, cual si fuese un premio a tantas zozobras y tiempos difíciles, nos cae como por asalto en un momento dado haciéndonos sentir que nos situamos en una parte de un tiempo lejano, pero una parte agradable y tierna en donde recordamos incluso olores, la sensación del tacto de alguna prenda y la suavidad de la tela, viajar por este camino ya transitado y que regresa súbitamente para recordarnos:

"Sucedió, y sigues aquí. Sucedió, y han pasado los años y lo sientes tal cual, remontándote con amor a un tiempo que siempre permanecerá porque quedó grabado para siempre".

El regalo aquí es ver la vida pasar y haberse quedado todo lo bello en nuestra íntima caja de añoranzas, haciéndolas un presente maravilloso, para encarar el aquí y el ahora con verdadera alegría. 


¡La Vida Es Bella! 

a pesar de todo...




 

Comentarios

  1. Magnifico Maty, sin duda la vida es bella a pesar de todo lo que conlleva y de lo que toca, al igual que la memoria que nos es tan importante para lo bueno y para lo malo. Muchos besos.

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