EL SENADOR ESTÁ MURIENDO

 

Senador, ahí lo puso la vida. En ese estrepitoso lugar. ¿Lugar de sinsabores, de muerte en vida? 


(¿Sabrá él dónde se encuentra?)


El Senador



Terminaba un discurso, estaba en campaña. El chiste era escalar más y más y más ya que no había un límite. Era como una droga. Una vez estando allí, ¿cómo salirse? ¿Cómo renunciar a todo ello? ¿Cómo cambiar de vida? Bueno, ni siquiera existía la opción. Ni en sus más recónditos pensamientos.


Era un mundo de oropel y luces deslumbrantes, de brindis y aplausos, de eventos y sonrisas para la cámara, de falsas lisonjas. Al día siguiente, aparecer en las primeras planas. Ser noticia, ser LA noticia. ¿Había familia? ¿Había más que todo eso? Sí, claro: más de eso mismo. 



Terminando ese discurso para su fortuna nadie notó su malestar, solamente los más cercanos en ese momento. Comenzó a fatigarse, a respirar profusamente. Gotas de sudor caían por su frente y su mirada estaba como un cristal empañado. El señador, cayó sin conocimiento.


Ocultando el asunto de todo el mundo, de la prensa, de los seguidores y de los opositores, fue llevado de emergencia al hospital. Fríamente después de unos estudios complicados el médico le dice, sin rodeos: senador, usted está muriéndo.


Él tiembla, se angustia, mira con desesperación la cara del doctor esperando haber escuchado mal. ¡Eso era imposible! Tenía programado un viaje al extranjero para la semana próxima. 

-"No habrá viaje senador, cancélelo"... Dijo el médico.


-"¡No, imposible!  Debo estar bien para ese día. Ese viaje es trascendental. ¿Qué dirán los votantes?"


-"Senador, le estoy diciendo que usted está muriendo, y piensa en los votantes?


Para los médicos era un caso más, un ser humano más. Sí, creo que los únicos que percibían aquí cuestión "humana", eran ellos. A pesar de estar acostumbrados a lidiar con la muerte día tras día. Por supuesto que su ética profesional les impedía hacer ningún comentario. Secrecía absoluta. Los votantes no podían saber nada de lo que en esa sala de hospital estaba sucediendo. 



El señador estaba preocupado, sumamente confundido y su principal preocupación era su agenda. Pidió que los estudios que le habían realizado y los que aún faltaban, estuviesen a nombre de cualquier persona, menos él. La Presidencia era su total prioridad. 


La agenda, la mil veces maldita agenda que en poco tiempo no tendría validez alguna, que en el momento que se encontraba viviendo el senador era irrelevante, para él era todo. 


El médico, a pesar de toparse en su profesión con una insospechada cantidad de casos y de toda índole, tuvo a bien reflexionar. Se quedó pensativo por un buen rato, por unos buenos días, dando gracias por seguir su profesión con alegría y dedicación pensando en aliviar no sólo la salud, sino las emociones y todo lo concerniente a quien fuera su paciente. Buscando siempre un término medio, pues había casos que no le podían ser indiferentes. Se enfrentaba con duras realidades a cada paso, y no quería por nada, ser de esos del "montón" a los que el dolor deja de importarles.


Y sí, la reflexión se dirigía hacia el senador en ese momento. 


-"Senador, usted está muriendo... No habrá viaje, senador. Cancele sus compromisos". 


-"Mi agenda no se puede detener. Los votantes podrían tener algún recelo"



El senador estaba muriendo, y no quería enterarse.

















Comentarios

  1. Semejante dedicación al trabajo, aún estando sano, también es una muerte. Una muerte lenta.

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    1. Eso es verdad. Lenta y sin sentido (no quise usar otra palabra pero estuve a punto). Gracias!

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  2. Negaba que se estaba muriendo, quería seguir en esa élite, para poder seguir vivo. Besos Maty.

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  3. El acostarte aunque sea con una pasión, hará que al amanecer despiertes apasionada...Gracias amiga.

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