EL MAR Y YO

 


El mar, ese misterio, ese cúmulo de enigmas.  Mar, te amo. Te admiro. ¡Representas para mí tantas y tantas cosas! Deseo con fuerza volver a verte. Quiero hundirme en ti, tocarme dentro de tu profundidad. De esta forma mi tacto tiene una diferente sensación, diáfana y clara, sumamente agradable, atemporal. Total sensualidad. Una ráfaga de eternidad, pareciera que ese momento no tendría fin, no tuvo principio, simplemente eterno. 


Te conocí muy pequeñita, con mi hermano también niñito.  Los dos tan chiquitos, nos asustaste cuando vimos que papá se alejaba en tu profundidad. Tardó tanto en regresar que nosotros dos, temerosos, solamente miramos hasta donde nuestros ojos podían. Fueron minutos eternos. ¡Ay, qué extraña sensación! Me estoy viendo en ese momento, siento mis manos pequeñitas. Mamá me había puesto una blusita blanca encima del traje de baño para no quemarme demasiado, mi cabello negro volaba con el viento, solamente frotaba mis manos incesantemente en espera de ver asomar a papá. Mi hermanito igual, igual. Veo mis piernitas, las estoy sintiendo. Es como si en este momento, al escribir, estuviese yo allí... Me miró a mí misma.  Increíble.  Fenómenos de esta naturaleza siempre me han acompañado llenándome de serenidad, porque al verme de esta manera confirmo mi convicción de que no hay final, lo que hay es continuidad. 



El PASADO SIEMPRE REGRESA, DE UNA U OTRA FORMA. 


Y la sensación sigue aquí. Estoy con la Maty niñita, siento las manos chiquititas, mis pies también pequeñitos se hunden en la arena. Me veo, me huelo. Tan delgadita y frágil, tan asustada como José, mi hermano.  La carita de él era un poema, también frotaba sus manos. No sé ni sabré si mamá estaba asustada o no, no podría decirlo, solamente nos trataba de calmar diciendo "ya verán que aparece, ya verán que regresa".  Fue eterno ese momento, tampoco tengo idea de cuánto duró. La cosa es que cuando nuestro papá apareció estaba rojo como un camarón, Totalmente quemado por el sol y por haber nadado tanto en el mar de Acapulco, y entonces nuestro temor cambió por el que nos provocó verlo de esa manera. 


La cuestión es que tú, mar, eres inmenso. En tu inmensidad veía bien una lejanía, una distancia misteriosa que representaba un enigma imposible de escudriñar.  Pero tal cual niños, al cabo, volvimos a jugar en la orilla, dejándonos sorprender por esas olas tan bravas y revolcándonos en la arena, la adrenalina nos recorría cuando queríamos ganar en la carrera a la ola, pero ella era la que se burlaba de nuestra pequeñez y nos tumbaba. 


Así era la vida



     INMENSIDAD...

   

Mi sueño repetido (uno de ellos) fue contigo. Aún era una niña, pero habían pasado años de que te había conocido:

En un ambiente nocturno muy obscuro, yo estaba allí sola, completamente sola. Una cabañita era todo lo que podía mirar aparte de tu inmensidad. La tenue iluminación que procedía sabrá Dios de dónde iba languideciendo y de pronto me vi presa de ti en una colchoneta, recostaba boca arriba, extremidades extendidas. Me veía desde afuera y al mismo tiempo sentía un temor apabullante y me sentía en esa colchoneta. Volvía a verme desde afuera, pero no dejaba de sentirme allí. Eran ambas cosas: verme desde lejos y sentirme allí asustada porque lo poco, muy poco que podía ver iba cambiando por más y más obscuridad hasta que esta fue total y yo me miraba lejana como perdiéndome, en la escena me miraba cada vez más chiquita hasta casi llegar a ser sólo un punto enmedio de ti, inmenso, majestuoso. Aunque estabas tranquilo, yo sentía un temor como ninguno. De nuevo me veía lejanísima y mi sensación era de un miedo en aumento. Ahí, todo podía suceder. ¿Qué era ese todo? Lo peor, y nadie estaba allí, solos tú y yo. 


Despertaba abruptamente en ese momento aliviada de darme cuenta que era una pesadilla, que yo estaba en mi cama sin peligro alguno. Soñé eso mismo no recuerdo qué cantidad de veces sin poder explicarme nunca la razón, sin tener la más mínima idea de lo que podía significar.


Lo que sí, pude darme cuenta, mar de poder arrollador, de misterios ocultos, de dimensiones brutales, que te temo. Eran soledad, peligro, incertidumbre, tú y yo. 




No, así no se puede.  Así no se puede, todo es obscuridad, paroxismo. ¿Por qué me haces esto, qué es lo que querías decirme?


Yo sé, sí lo sé, que somos seres diminutos enmedio de la Creación, pero inmensos en nuestra pequeñez por el amor que Dios nos regala.


     la vida es sueño...



Comentarios

  1. Que bonito Maty, parece que los recuerdos de cuando somos niños los revivimos como algo especial. En la inmensidad de la pesadilla, uno respira tranquilo cuando se siente seguro. Besos amiga. 🥰🥰

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    1. Sí Mar, lo revivimos como algo muy especial pero a su vez muy latente, muy presente. Y sí, las pesadillas son difíciles, a veces más. Gracias siempre, abrazos.💐💐💐

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  2. Ah, el mar; ese reclamo poético y bello de la naturaleza, que el ser humano convierte en el retrete por excelencia año tras año. A ver si de una vez por todas el mar se revela y provoca tal tsunami que nos borra para siempre del planeta.

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    1. Ahora sí tu estilo, que de por sí siempre me saca una sonrisa, me hizo soltar una carcajada. Muchas gracias por tu visita y por comentar.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. El mar relaja, da paz, inspira, fomenta la creatividad, en definitiva, el mar tiene magia.

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