8 DE NOVIEMBRE -MANIFESTACIÓN.

 A veces pasa. A veces, menos mal que sólo... A veces. La vida nos sorprende con cosas que no esperamos, nos toma por sorpresa, aunque sea enmedio de una manifestación... Sólo a veces.


Y sí, fue un 8 de Noviembre de hace muchos, muchos años, por mis calles de la Zona Rosa, enfrente de una Embajada, en mi Ciudad.


Entiendo bien la cuestión de vivir el HOY porque es lo único palpable. ¿Pero que el ayer no existe? ¿Pasado es? No. En mi vida no. Y no es estar estancada, ni aferrada. Definitivamente NO. Es aceptar, confrontar y saber vivir con todo lo que fui, que me hace ser lo que soy. 



Sí, esa tarde verde amarillo con un tono de gris que se tornaba más doliente, como si fuese un ánima con pesares, fuertes y hondos pesares. Un alma que no sabía qué desear para mitigar esa tonalidad que le golpeaba. Sí, un color de cielo con dolores, que golpea sin querer por no poder hacer otra cosa. Cielo vivo. Sintiente.  ¡Quién lo iba a decir! Y ¿cómo abrazarlo, cómo consolarlo, qué decirle y cómo hacerlo? Un color triste y desvalido y presa de lo inexplicable. Porque nadie podía entender que un color pudiera sentir todo esto. Era el color de la tarde, el color de la angustia y del desasosiego. El cielo gris, con ánima. Con vida propia y eternidad. 


Enmedio de la gente, de una gran cantidad de gente que estaba en lo suyo, se perdían todas esas sensaciones, todas esas verdades. El llanto no era escuchado y eso era lo conveniente, cada quien en lo suyo. Las lágrimas pasaban desapercibidas y eso era lo que... Bueno, no, ¡qué importaba! Todo absolutamente daba igual. Solamente un desespero desproporcionado, ininteligible en esos momentos. Estaba en una manifestación, se perdía todo enmedio de mí. A nadie le importaba - y eso era lo correcto- y... lo natural. No sabía ver. Sí, no sabía, no había entendimiento. Si algo hubiese podido requerir era la inexistencia, un rayo fulminante, la nada sin más a lo que remedio no tenía. 




Cabe mucho dolor, cabe mucho. Y además es inútil. Todo es inútil. Pero al cabo, es así.


Tantos años, tantos. Y son nada en comparación con la existencia toda. 


Ese cielo gris tan triste que no había manera de consolarlo, sacaba un soplo de ventisca para que viera que me acompañaba. Que se conjuntaban los dos desatinos. Desatino, un color gris sumamente desvalido, desatino un ser gris más desvalido aún.


Gritos y más gritos, protestas, gente enardecida, su causa los enardecía. Tenían un por qué y un para qué, sentían indignación e impotencia. Pero el color gris en forma de cielo sólo se sabía allí sin manera de retirarse a ninguna parte porque su lugar era la bóveda celeste, nada menos.  Lamentaba secamente una permanencia condenada a la eternidad. Esto sí que era un realidad. Esto era lo "comprensible": una protesta, tenía sentido. Lo otro era tan real como la manifestación, pero invisible a los ojos de los otros. 


Enmedio de tanto alboroto de donde quería no salir por no ver nada afuera, no saber nada de nada, algo oprimía mi pecho. Quería abrazar a ese cielo tan triste, tan gris, tan pobre como triste y pobre era mí. 


Eso no fue efímero, permaneció por siempre. No en aras de machacarme la existencia, sí en pos de recordarme que una lágrima si no se seca puede convertirse en un pedazo de hielo y ser tan rígida como la vida misma. Pero queda, se queda. Irrompible. Se queda y quedará porque al fin un día...


Queriendo y no queriendo

Sin saber, sin nada entender

Regresa sobre sus pasos


Salgo de ese tumulto, sigo internada en la vorágine de aquello en lo que se había convertido mi vida. Jamás imaginé algo semejante. Jamás! 


Y sólo fue el principio de un árido camino, de esa "sorpresa" que la vida me tenía. 


La lágrima de cristal cumplió su misión. Acompañante y vigilante de todo lo que me pasaba. Al cabo que ese cristal salió de esa tormenta para quedarse cautelosa y a la guarda de aquella que la hizo rodar, de ese ojo que tras casi ahogarse, pudo salir a flote.





Bendita lágrima que, aún siendo de un cristal frágil en apariencia, está ahí siempre como la mejor compañía porque la vida no fue en vano, porque todo aquello no fue en vano. Fue un pozo obscuro e interminable que no tenía fondo. O seguir descendiendo, o subir. 

DIOS ES BUENO. 








Comentarios

  1. Cada palabra es una emoción, pero este cachito me llegó al alma "La lágrima de cristal cumplió su misión. Acompañante y vigilante de todo lo que ella pasaba. Al cabo que ese cristal salió de esa tormenta para quedarse cautelosa y a la guarda de aquella que la hizo rodar, de ese ojo que tras casi ahogarse, pudo salir a flote". Un enorme abrazo amiga mía.

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  2. Hola Maty, una entrada sin duda muy emotiva. Nos haces vivir muchas sensaciones a lo largo del relato. Muy bonito. Saludos.

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  3. Parece que allí en México tenéis manifestaciones todos los días. Saludos Maty.

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