DOÑA MARUJA

 

Foto de Olga Kalinina en Pexels


El paso del tiempo, implacable, ese que no tiene piedad de nada ni de nadie, que no perdona, que no se detiene. Es por eso que doña Maruja ya no está más aquí, porque su tiempo se terminó. Bueno, al menos aquí, en este plano. Y claro que la extraño. Cómo quisiera que ella estuviera al otro lado de una llamada telefónica mía, cuando siempre respondía tan atenta, tan amable, con una voz fuerte. ¡Y bien fuerte! 



María era una niña buena en su natal España, de donde vino a México desde muy temprana edad porque sus padres emigraron. Aquí hizo su vida, su familia. Y pasados los años -muchos- Doña Maruja seguía conservando esa sonrisa sencilla que en su vida la caracterizó, esa bondad de la niña que siempre fue, pues su pasado la hizo ser  así: buena, apacible, amante de la vida. Porque en su niñez vivió el amor de sus padres, era una chiquilla muy valorada. 



Sólo que...


Transcurrieron los años veloces. Fugaces y al mismo tiempo permanentes. Sí, porque la memoria de lo ocurrido le daba sentido a la vida de esta ahora anciana bondadosa, se alimentaba de sí misma y de lo vivido dando a cada día el valor de ser único e irrepetible. 


Así como irrepetibles somos los seres humanos, ella en su esencia me dejó los más lindos recuerdos y al pensarla sonrió, a veces sin darme cuenta.





Conoció a casi toda mi familia: mi papá la quería mucho mucho, mi mamá también. En fin, mi abuelita, mi tía. Se conocieron desde que yo era muy niña. Iba cogiendo el brazo ya sea de mi abuelita, de mamá, mientras sostenían muy largas pláticas con ella en las escaleras o en la calle. Vivía enfrente de nuestra calle, primero en un edificio de puerta roja que siento que hasta puedo oler, y después en uno en la otra esquina de la misma calle, color negro. Ahí la busqué y para mí fue todo un acontecimiento. Lúcida totalmente y con muy buen oído, lo que los años le mermaron fue la vista. Ese primer día que la visité, se acercó a mirarme a tan poca distancia que sentí su respiración. Así teníamos de confianza, me conocía desde muy pequeña y ella buscaba encontrar en mí algunos rasgos de aquella niña. 



Así comenzó la historia mía personal con ella, era todo un personaje. Hablamos por teléfono no sé que cantidad de veces, ella me recordaba ese pasado de mi niñez, recordaba a todos y cada uno de los protagonistas de nuestra vida así, como si los hubiese visto ayer. 


Las pláticas con ella, toda una maestra de vida, dejaron en mí huellas que son imborrables y muy apreciadas. ¡Tanto la disfruté! Y así un día me dijo "llámame   ★María★, me gusta mi nombre así, me gusta que me digan:  María". 


Sus recuerdos de cómo llego a México, la historia con su marido (no muy afortunada... Me decía "no te cases") y yo ya estaba en mi proyecto con Julio, mi esposo y ella insistía en que solita estaba mejor;   su único hijo y una nieta que adoraba. Una mujer que estaba a su cuidado porque sola ya no era posible. Se resistió a ir a un asilo o casa de reposo, y lo logró. Vivió en ese departamento de colores negros cuyos pasamanos gruesos, a la antigua, ella limpiaba con mucho amor. Sí, el eterno ingrediente: amor.  "Yo limpio mi pedacito porque lo quiero... Donde yo vivo, con cariño". 


Quiso un día poner en mis manos sus patrones.  Era una modista pero de altísima costura. Yo no pude, me resistí a tener esos tesoros conmigo porque nunca podría coser como lo hacía ella, a mí me gustaba hacerlo pero de manera mucho más sencilla.


Pasaba los 90 años y seguía tan erguida, aún con una pequeña e inevitable joroba. No, no es contradicción: era su actitud. Erguirse ante todo y ante todos. Erguirse ante la vida, de la mano de la vida, aún cuando una vez lloró y lloró preguntándose, preguntándome "por qué sigo yo aquí, por qué! Qué quiere Dios de mí! Si todas mis amigas ya se han ido!".


La comprendía, me ponía en su lugar y me daba cuenta que eran muchos años ya de batallas ganadas y perdidas, de amor eterno entregado a quien pasara por su lado, de llanto por pérdidas y por golpes y desazones, de sufrir las injusticias propias y ajenas (porque a ella le importaba de verdad todo ser humano). Sí, una carrera larga en esta pista del vivir y que había cumplido a cabalidad. Pero yo, no tenía la menor duda y le decía sin titubear: 


"María, Dios te tiene aquí porque tu misión aún no ha terminado. Mira nada más cómo me estás alegrando a mí. ¿Cuánta alegría regalas aún? ¡Mira lo que haces conmigo, mira! 


Mi papá recién había fallecido. Hablar con ella era un bálsamo rico, lindo, tierno. Ella mencionaba las mismas épocas de las que mi padre tanto platicaba. Ella era como un cachito de esa bendita tierra, España, que los vio nacer a ellos dos. Mi tierra también, por el lado paterno, la llevo en la sangre. 


Un día, no la encontré más. Un día mi búsqueda se quedó sin respuesta, y fui y fui a aquel edificio negro de pasamanos gruesos gruesos, bonito, a la antigua, de los que ya no hay. Y nada. Y nada. Y el teléfono jamás volvió a ser atendido. Jamás. Mi corazón sabía que ella ya había trascendido.


Doña Maruja, querida María, tu camino, tu voz pertinaz que aún escucho, el recuerdo del regalo que era ese tiempo que me brindabas, las sonrisas que me arrancaste, tu sabiduría bien adquirida, tu dulzura (a pesar de tu voz aparentemente "dura") me acompañan en esta madrugada y siempre. Porque te volviste parte de mí, porque me diste mucho, María. En este "hasta pronto" porque sólo te has adelantado en el camino que todos habremos de recorrer, te llevo conmigo como algo muy preciado que me sigue sacando una sonrisa de amor.


Hasta muy pronto María, gracias por todo, gracias por tanto! 













Comentarios

  1. Que palabras tan bonitas dedicadas a María. Todos tenemos personas que nos dejan una huella, y María la dejó en ti, seguramente que tú también en ella. Un abrazo muy fuerte. 🥰

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Muchas gracias querida Mar! Un abrazo gigante ☺️😚🤗🌹

      Borrar
  2. Qué bonitas son esas personas que nos marcan en la vida, y qué bonitas los recuerdos que nos dejan. Siempre nos acompañan aunque no los vemos pero viven en nuestro corazón y en nuestros recuerdos, seguimos con ellos. Qué bonito lo expresas Maty, con mucha dulzura, ternura y mucho
    mucho amor. Felicidades, porque es una suerte inmensa encontrarse 'en el camino de la vida' a personas tan importantes y necesarias en el mundo. Un fuerte abrazo! 😘⚘❤

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Sí que es una fortuna, verdad Mayte? Cuando nos encontramos haciendo el balance es una bendición conservar esto en el alma.
      Besos, abrazos. Gracias! 🌹🌹🌹

      Borrar
  3. ¡Qué bonito homenaje a María!, por lo que relatas, además, muy merecido. Hay personas que se vuelven importantes en nuestra vida y que siempre recordaremos con cariño. Quedan los recuerdos y por supuesto, la esperanza del reencuentro en otro plano. Seguramente será algo hermoso. Saludos.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Claro que sí Ana, ese reencuentro en el otro plano a mí me hace una gran ilusión, con ella y todas mis ausencias.
      Muchas gracias, saludos!

      Borrar
  4. Hermosa forma de hacerla trascender, de que el olvido no la borre, son de esas personas que nos dejan un sabor delicioso en la vida, que también ellas han sido un bálsamo, y sus recuerdos nos acompañarán hasta el fin del viaje. Un abrazo grande

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Sí Themis, delicioso el recuerdo y delicioso que haya personas que dejen semejantes huellas.
      Otro abrazo grande para ti🤗🤗🤗❗

      Borrar
  5. Lindo homenaje a tu amiga. Me conmovió. Hay seres que por más que el tiempo pase siguen a nuestro lado en nuestro corazón. Te mando un beso.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho que te haya gustado! Beso y abrazo cariñosos para ti 🌞🌹

      Borrar

Publicar un comentario

Tus comentarios son muy valiosos, te agradezco mucho que estés aquí y me pongas unas líneas. Gracias siempre!

Entradas más populares de este blog

Me presento, mucho gusto!

TICUL DE MIS AMORES!

MI VIEJITA AL CIELO💫